Gary Numan: Animal mecánico

Pronto a debutar en nuestro país, Gary Numan es considerado un pionero del rock industrial por próceres de su reactivación en los noventas como Marilyn Manson o Trent Reznor. Sin dedicarse abiertamente a azotar fierros y tuberías en búsqueda de sonidos de alto impacto como los vanguardistas Einstürzende Neubauten, alejado de los samples y guitarras rechinantes de Al Jourgensen, o de los pulsos frenéticos de Nitzer Ebb, lo que caracterizó desde un comienzo a Numan fue el toque gélido, envolvente y cargado de ciencia ficción distópica, una constante que hoy, en “Savage (Songs From A Broken World)”, aún sigue latiendo, y se acerca escalofriantemente cada vez más a retratar en tiempo real un mundo convulsionado.

¡Yo! Me desconecto de ti
Numanoids. Así se hacían llamar los seguidores de Gary Numan a comienzos de los años 80. La presencia escénica, fría, robótica, espástica y aplanada del británico –cual androide- impactó a muchos. Sin tratarse de una movida planificada, este preset de Numan era simple extensión de su forma natural de reaccionar a un ambiente que le parecía ajeno. Diagnosticado en su juventud con Síndrome de Asperger, las interacciones sociales resultaron siempre algo complejas para el artista, quien terminó siendo expulsado de múltiples escuelas debido a su comportamiento. Incompetente socialmente e incapaz de entablar una conversación mirando a los ojos, enfrentarse a un escenario armado con su música fue algo realmente desafiante. “Interactuar con la gente es, para mí, una serie de cálculos rápidos y preocupación”, confesó recientemente. Su esposa, Gemma, sin embargo, proviene exactamente del otro lado del espejo: ella era fan de Numan desde un comienzo.

¿Son eléctricos los amigos?
El artículo más preciado para Numan es su primera guitarra, una Gibson Les Paul obsequiada por su padre al cumplir 15 años. El instrumento –que ha sido reparado miles de veces en más de cuarenta años, incluso tras partirse por la mitad- le ha acompañado desde los primeros días de la Tubeway Army, cuando la agrupación –formada junto a su tío- bebía del frenesí punk que latía en Gran Bretaña. Aquellos primeros movimientos, más estridentes que glaciales, pueden rastrearse en “The Plan”, una recopilación de demos editada por Beggars Banquet en 1984 y en el primer álbum oficial, el homónimo “Tubeway Army”, de 1978. En “Replicas” (1979), una segunda placa abarrotada de androginia y ciencia ficción distópica –con referencias a Philip K. Dick y su relato “Do Androids Dream if Electric Sheep?”, el mismo que inspiraría la película de culto “Blade Runner”- Numan inició también su transfiguración de hombre a máquina. Una vez completada la secuencia de cambio, Tubeway Army se disolvió, y emergió el animal mecánico en solitario.

El Principio del placer
‘Down In The Park’, versionada por bandas como Foo Fighters o Nine Inch Nails, es uno de los cortes estrella de “Replicas”, junto al himno electro pop ‘Are Friends Electric?’. El sonido del registro, mecánico y saturado, responde a un descubrimiento de Numan: cuando se encontraba llegando al estudio para grabar el segundo álbum de los Tubeway, vio un minimoog en la sala y decidió probarlo. “Toqué una tecla y salió un sonido impresionante de ahí…si hubiese estado justo programado para un chirrido agudo horrible, seguramente nada me hubiera pasado, pero me voló la cabeza”, dijo, recordando el episodio hace un par de años. La gente de Beggars Banquet debió reprogramarse y aceptar el hecho de que Numan estaba ahora empecinado en torcer el punk hacia la electrónica. Aunque sabía que mucha gente ya había incursionado anteriormente en dichos experimentos –notablemente Bowie en su trilogía de Berlín- él estaba decidido a grabar un disco entero dedicado a ese nuevo sonido. El mismo año de “Replicas” llegaría “The Pleasure Principle” (1979), el debut bajo su propio nombre. En él, el pop fluido de ‘Cars’ y ‘Complex’ dialogaba con la frialdad enigmática de ‘Oceans’ o ‘Asylum’, una mezcla efectiva que se repetiría en piezas como ‘This Wreckage’ y ‘Sleep By Windows’, de “Telekon” (1980), su segundo esfuerzo en solitario. Prosiguiendo la senda de las texturas envolventes y bajos abultados, Numan se anotó así tres lanzamientos consecutivos en el número 1 de las listas británicas. La atmósfera penetrante del corte homónimo, salpicado de pianos tétricos, claramente sería una influencia para el espíritu del doble “The Fragile”, de NIN, 19 años después.

Canciones para un mundo roto
Después de “Telekon”, Numan continuó en Beggars Banquet hasta el año 1984, año en que decidió crear su propio sello: Numa Records, debido a las bajas ventas y a su decepción con las grandes discográficas. Atisbos de jazz y funk se abrieron paso en “Dance” (1981), “I, Assassin” (1982), y “Warriors” (1983), conservando intacta al menos la fascinación por la ciencia ficción. “Berserker” (1984) tomaría así su nombre de las historias escritas por Fred Saberhagen aunque, al igual que en los siguientes “The Fury” (1985) y “Strange Charm” (1986), el apoyo conceptual no sería suficiente para contrarrestar la plástica y desechable producción, uno de los grandes males de aquella era. En “Metal Rhythm” (renombrado “New Anger” en Estados Unidos) y “Outland” (1991), ambos editados por I.R.S., las baterías, más metálicas, aportaron un toque industrial a composiciones que destilaban funk y pecaban del uso exacerbado de los vocales de apoyo. Las ventas tampoco acompañaron aquella fase escarpada en la carrera de Gary, que se extendió hasta el excelente “Exile”, una placa oscura que, en plana explosión de actos catapultados por el boom alternativo de MTV, como Marilyn Manson o NIN, y de la revitalización electrónica de Bowie con “Earthling”, retomó afortunadamente el sendero original. Ese sonido más agresivo y rockero crecería en “Pure” (2000), “Jagged” (2006) y, en particular, en el corrosivo “Dead Son Rising” (2011), el que preparó terreno para el éxito de “Splinter (Songs From A Broken Mind)”, su primer disco grabado luego de mudarse a Estados Unidos junto a su esposa y sus tres hijas: Persia, Echo y Raven, y que se convirtió en su disco más vendido desde 1983.

El Principio de realidad
“Esta es la sombra del éxito que tenía aquel entonces, en 1979 y en 1980. Perdí eso, pero he aprendido verdaderamente a disfrutar esto ahora, esa es la diferencia fundamental. Me gusta estar en una banda, andar de gira y pararme en el escenario. Si pudiera seguir haciéndolo por 100 años más, lo haría. Y me gustaría tener discos que sean número 1 nuevamente”, dijo Numan en el documental “Android In La La Land”, el cual retrata su éxodo a Estados Unidos desde Gran Bretaña, en el año 2011. Aquel sueño de volver al tope de las listas se hizo realidad en “Savage (Songs From A Broken World)”, su más reciente álbum, editado en 2017, financiado por sus fans vía Pledge Music, conquistando el puesto número 2 en Reino Unido y pisándole los talones  a su legendario “Telekon”, 37 años después. En esta entrega, junto a su hija Persia -y también en cada una de sus presentaciones- Numan interpreta ‘My Name Is Ruin’, un poderoso single que recoge el espíritu desolado y apocalíptico de un mundo donde la testaruda movida de Donald Trump de sacar a Estados Unidos del acuerdo de París parece un pacto hacia la extinción masiva. Más distopía, imposible. El mismo año, el animal mecánico recibió el importante premio británico Ivor Novello a la inspiración -un galardón entregado a figuras de la talla de Siouxsie Sioux, Johnny Marr, o los hermanos Shaun y Paul Ryder- y fue reconocido en el 2016 por la compañía Moog Music con el Moog Innovation Award, un premio que tiene a Brian Eno, Devo y Thomas Dolby entre sus receptores anteriores. Todo, por haberse atrevido a tocar las perillas de un instrumento novedoso en una sala de ensayo, hace 39 años atrás, e inspirar a legiones de numanoids dispuestos a todo. Así se siente volver.

Por Nuno Veloso

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