EXODUS

A Abrocharse las Municiones

Veinte años después de la leyenda del Thrash forjada por uno de los clásicos absolutos y imprescindibles del género, “Bonded By Blood”, Exodus parece no acabar su arsenal de demolición sónica con la nueva y descriteriada entrega de violencia, “Shovel Headed Kill Machine”, la que no cede ningún compromiso para confirmar que hoy, dos décadas más tarde, el grupo se encuentra envuelta en una vigorosidad creativa que cualquier conjunto más joven ya quisiera tener.

Armados con su artillería más destructiva y descargando sus municiones más mortíferas, Exodus pasó de ser una banda de antiguo Thrash prematuramente nostálgica a finales de los noventa a otra que ha llevado su música inalterada a nuevos niveles con los aclamados “Tempo Of The Damned” y “Shovel Headed Kill Machine”, a una en la que personalidades de la escena como el baterista Paul Bostaph (ex Slayer) encuentran un sitial de honor e indudablemente vigente en el que pueden vaciar todos sus cartuchos, irrumpiendo con disparos y después preguntando.

Con canciones más veloces y desenfrenadas, “Shovel Headed Kill Machine”, una joya de Thrash puro repartido con la fidelidad del siglo XXI, es el nuevo juguete de demolición del líder y guitarrista Gary Holt, quien ha logrado mantener a Exodus concentrado, enfocado e inspirado a pesar de la partida de miembros tan insignes como Rick Hunolt, Tom Hunting y Zetro Souza. El botón de activación de la máquina asesina está en la yema de sus dedos: “Hice el álbum que quería, hice un disco demoledor que no es segundo de ninguno y que prueba nuevamente que Exodus guía la senda”.

QUIEBRE EN LA LÍNEA DE AVANZADA

Frases como “lo odio más que a nadie he odiado en este planeta, es una mierda humana”, escrita por Holt justo antes de comenzar la gira sudamericana en septiembre del año pasado, transformaron los rumores de la partida de Steve Souza en un hecho sin retorno. “Zetro” había cancelado 24 horas antes su participación en el show de Exodus en México, acusando una enfermedad, la justificación perfecta para que Gary descargara toda su ira acumulada con el cantante que había reemplazado a Paul Baloff luego de “Pleasures Of The Flesh” en 1987 y en “Tempo Of The Damned” tras su muerte. Lo más liviano que dijo fue que a Zetro sólo le importaba la plata. “Si sólo hubieran oído algo de la mierda que salió de su boca sebosa en este último par de años como ‘¿por qué Jack (Gibson) gana más que yo?, ¿quién es él?’ o ‘si los fans quieren escuchar más de doce canciones, tendrán que pagar más’ (...) Terminé la banda el ’93 porque no podía soportar al huevón (...) Sí, hizo un tremendo trabajo en el nuevo álbum, principalmente porque no le dejamos que cagara todo con su personificación estúpida de Bon Scott”.

Exodus actuó en México con el cantante de Exhumed, Matt Harvey, y corrió para octubre su visita a Sudamérica. En Brasil, incluso, las bandas que se iban presentar con ellos organizaron el festival Fuck Off Zetro en su “honor”. “Me gustaría disculparme sinceramente con los fans de Brasil y México –respondería Zetro–, pero como se estaban cancelando tantos shows (como el de Chile), simplemente no podía permitírmelo”. Souza tomó los comentarios de Holt como unos influenciados por la rabia y la decepción, por lo que lo comprendió y perdonó completamente.

Ello motivo las excusas de Gary en el foro del sitio oficial de Exodus y se disculpó del ataque personal. “No creo que Steve vaya a ser fácil de reemplazar”, pero había que hacerlo y un desconocido Rob Dukes se acercó a Exodus por una jugada de la suerte. Para la siguiente gira norteamericana con Megadeth, Gary contrató a un técnico guitarrista que “no lo estaba haciendo bien” y un amigo suyo en Hollywood le dio el teléfono de Dukes para que lo llamara y ocupara su puesto. Dukes, además de técnico, era fanático de Exodus y recuerda que el mejor show de su vida ha sido, precisamente, uno de ellos en 1986. “Salieron tocando ‘Bonded by Blood’ y comenzó el mosh pit, el escenario colapsó y uno de los guardias se fracturó la pierna. Sólo tocaron cuatro temas, Anthrax nunca se subió a tocar y comenzaron los disturbios. Fue de locos, pero muy divertido”. Rob aprovechó su oportunidad y en el bus le dijo a Holt que había cantando en todo tipo de grupos punks en Nueva York y que nunca había hecho nada Thrash, pero que podían audicionarlo si es que buscaban a algún vocalista.

Completamente escéptico y más para cumplirle el favor a su nuevo amigo, Gary ensayó con Rob y “nos partió la cabeza a todos”, dijo el guitarrista asegurando que le había hecho una increíble justicia al material de Paul y Zetro. ¿Quién era Rob Dukes? “Un concha de su madre con cueva”, respondería el flamante frontman con una sonrisa de oreja a oreja. “Es como conseguir la chance de cantar para los Rolling Stones del metal. Exodus lo empezó todo, son unas putas leyendas y ahora están más heavy que nunca”.

BAJAS AL MEDIO DEL BOMBARDEO

Y así se veía desde la trinchera enemiga porque se venía “la cosa más machacante que hayamos hecho jamás”. El material ya estaba escrito y Holt citaría a la base de operaciones, los Trident Studios de Pacheco, California, el 5 de junio para ensamblar la maquinaria y definir la invasión.

Habría empezado sí antes de no ser por la falla en la artillería pesada, pues el baterista Tom Hunting cayó enfermo y tras varias hospitalizaciones se vería obligado a abandonar la banda que fundó junto con Gary Holt y Kirk Hammett en 1982. Según Holt, en ningún caso fue despedido, porque el triste hecho era que Tom ya no podía seguir tocando y la banda tendría que continuar sin él. Sin embargo, las declaraciones dejaron ver que Hunting ya no se sentía cómodo consigo mismo en Exodus, lo que había comentado a todos menos a Gary: “Su madre me contó que había empezado a tener conflictos morales con la música y que había estado conversando con un pastor, tú sabes, con un predicador. Queremos a Tom, pero todos saben mis puntos de vista acerca del cristianismo. Y yo no tengo morales. Así que si tienes conflictos morales por pertenecer a esta banda, entonces estás en el lugar equivocado”.

No hubo tiempo para la frustración porque en el mismo anuncio se dio la bienvenida al nuevo batero, nada más ni nada menos que el demoledor de cajas Paul Bostaph, muy conocido y de enorme reputación gracias a su paso por Slayer. Holt no simuló alegría al enseñar su nuevo juguete de guerra, alabándolo en los foros de su página cada vez que su performance en los ensayos y en el estudio le partía el cráneo.

El rearme sería inmediato y contundente. Rob Dukes reportaría el 18 de junio: “Paul está listo, fucking killed it! Gary, guitarra rítmica terminada, fucking awesome! A Jack le falta un tema, fucking sick! Gary grabó algunos leads. Yo estoy listo con tres pistas y todos están alucinando...”

¿Todos? ¿Y qué pasaba con Rick Hunolt? ¿La otra mitad del legendario H Team en las guitarras de Exodus? ¿Dónde estaba su nombre? Sucedería en la primera semana de grabaciones, pero recién se confirmaría la partida de Hunolt a principios de agosto: “Soy afortunado de ser parte de algo que empezó como unos niños tocando sus guitarras lo más rápido que pudiesen a, decir, tocar ante 80 mil personas”, escribiría. “Esta es por lejos la decisión más difícil que he tenido que tomar, pero veo hacia mi derecha y miro a mis dos pequeños hijos durmiendo –Odin de tres años y John de 16 meses– y sé que es la correcta”.

Al tratar de justificar públicamente a su amigo del alma, a Gary Holt otra vez se le caería el cassette: “Rick puede ser un drogadicto pero adora a muerte a esos niños. Y no puedo decir lo mismo de la madre. Rick se desesperaba cuando estábamos de gira porque no sabía si alguien los estaba cuidando. Así que necesitaba quedarse en casa”. Holt, un ex consumidor de drogas, le aconsejó a Hunolt que, primero, dejara la banda, se desintoxicara, buscara un buen trabajo y consiguiera la custodia de sus hijos, pero en el mundo de Rick, según su compañero, sólo bastaba con dejar Exodus, hecho que no dejaba de angustiarlo. “No quiero que Rick sea mi sexto mejor amigo al que tenga que enterrar. Todo por las drogas”. Pero sólo cinco días se demoraron en anunciar que el guitarrista de Heathen, Lee Altus, era la nueva ametralladora del pelotón, una incorporación que no se debió al descarte y al apuro. “No sólo era el mejor tipo para el trabajo”, diría Holt. “Era el único y no habíamos considerado a nadie más”. Gary lo describió como “uno de los más grandes guitarristas que ha tenido el placer de conocer”, con un ritmo demoledor y como una máquina de shreding.

UN TANQUE DEL INFIERNO SOBRE PILA DE CRÁNEOS

Tank treads crushing over piles of broken bones, recita la primera línea ‘Shovel Headed Kill Machine’, tema que da nombre al séptimo trabajo de estudio de Exodus, toda una carnicería metalera que masacra a su paso con velocidad y sin dolor. Así lo han dejado ver los comentarios inspirados por esta tala rasa. “Exodus está listo para dar el soplo de remate” con “un lanzamiento que se sienta cómodamente (...) entre los mejores de la escena thrash de los últimos años” que “lo que a Thrash se refiere, es lo mejor a lo que se puede llegar”, “un completo trauma craneal”.

“Obtuve justo lo que quería”, dice con satisfacción Gary Holt. “Quería que fuera un poco más crudo y eso lo dejé en manos de Andy (Sneap, productor también de “Tempo Of The Damned y de trabajos de Testament, Nevermore, Machine Head, etc.)”. Mucho tuvo que ver con el hecho que se haya grabado en menos tiempo que el álbum anterior, casi como si fuera uno en vivo, según Gary. “No tuvimos tiempo para sobreanalizar nada, fuimos a por ello y quisimos que fuera súper en tu cara y demoledor”. ‘Shovel Headed Kill Machine’ fue descrita como la canción más acelerada que haya hecho Exodus, mientras que la apertura ‘Raze’, ‘Going Going Gone’ y ’44 Magnum Opus’ hacen estallar el pólvora con su calculada imprudencia y agresividad.

Aun tras la partida de tres miembros insignes de Exodus, Souza, Hunting y Hunolt, Gary Hunolt cree Exodus dirige su ataque más violento. “Sí, soy el último integrante original que queda. Escribí toda la música y casi todas las letras, pero en “Tempo Of The Damned” también lo hice así, alguien tiene que ser el líder y siempre he sido yo (...) No creo que haya nada que nos pueda parar ahora. No tienes idea en lo que te metes con este nuevo álbum”.

Jorge Ciudad

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