Eloy: el poder y la pasión

La increíble historia de uno de los emblemas del progresivo germano

La banda de Frank Bornemann es sin duda uno de los máximos exponentes del art/rock y el rock progresivo alemán. Con un verdadero arsenal de discos en el cuerpo, Eloy es una de las agrupaciones que se niega a desaparecer del imaginario del colectivo progresivo universal.

“La Máquina del Tiempo”, el memorable libro de H.G Wells, sirvió de inspiración para una de las bandas más trascendentes del rock progresivo alemán: Eloy. La banda germana liderada desde un comienzo por el carismático Frank Bornemann tuvo en el personaje principal del famoso libro de Wells el punto de partida de la saga musical futurista que emprendió vuelo en 1969, cuando se remitían a hacer covers de grupos como The Beatles, Moody Blues, Cream o The Who.

Un poco de historia

Desde siempre la música de Eloy estuvo inspirada en el rock progresivo como hilo conductor. Ya en 1970, el primer single de la banda fue editado bajo un sello independiente, incluyendo las primeras versiones de ‘Daybreak’ y ‘Walk alone’. Un año más tarde, su opera prima, titulada con el nombre de la banda, fue grabada en los estudios Stars de Hamburgo, con un line up conformado por Frank Bornemann (guitarras, harmónica, percusión), Erich Schriever (voz principal, teclados), Manfred Wieczorke (guitarra, Bajo, Voz); Helmuth Draht (batería) y Wolfgang Stöcker (bajo).

Tras el alejamiento Schriever en 1972, Bornemann comenzó a consolidarse como la voz del grupo, junto con la guitarra, definiendo en cierto modo lo que sería el clásico sonido de Eloy. El hasta entonces baterista del grupo Helmut Draht también dejó la banda y en su lugar entró Fritz Randow. En 1973, la carrera de Eloy alcanzó un punto notable con la salida de “Inside”, esta vez por el prestigioso sello EMI Harvester, disco que obtuvo honorables comentarios en la prensa especializada y que llevaron a la banda a participar en sus primeras giras como soportes de grupos como Beggar`s Opera y East of Eden, entre otros. Fue tal el grado de popularidad que la canción ‘Future City’ alcanzó el top ten de algunas importantes radios de Norteamérica.

Posteriormente fue el turno de “Floating” de 1974, un disco que mantuvo la pureza estilística y la calidad innegable de Eloy y que tuvo la particularidad de ser grabado a la par de “Fly To The Rainbow” de Scorpions, ya que el propio Rudolf Schenker trabajó junto a Bornemann en la producción del mismo.

“Power and Passion”, de 1975, tuvo como mayor novedad el ingreso de un segundo guitarrista, Detlev Schwaar, y del cual se vendieron 30 mil copias. Ese año fue clave en la historia de Eloy, ya que marcaría la primera disolución del grupo, que según el líder de la banda obedeció más que nada a la forma de hacer la música, ya que Bornemann quiso continuar la línea de los álbumes sinfónicos conceptuales, lo cual no era aceptado por todos los miembros. El propio Manfred Wieczorke se alejó del grupo y se enroló en Jane, otro coloso alemán de aquel entonces.

El amanecer

No obstante, el período de estancamiento fue más bien breve. Ya en 1975, Bornemann había reformado el grupo con nuevos músicos: Klaus-Peter Matziol (Rickenbaker bass guitars, Voz), Detlev Schmidtchhen (Hammond, Mini-Moog, Mellotron, piano, grand piano, guitarras, voz) y Jürgen Rosenthal (batería). Con esta formación, Eloy trabajó en los estudios Ton Nedeltschev de Colonia entre agosto y septiembre en el nuevo disco “Dawn”, el cual vendió 150 mil copias.

Luego vendría uno de los más reconocidos trabajos del grupo: “Ocean”, que marcó sin duda uno de los mejores momentos de la banda. Grabado con los mismos músicos de “Dawn”, esta vez en los estudios Sound N de Colonia en 1977, la placa mostró la faceta más creativa de Eloy, con temas ‘Poseidon’s Creation’ y la tremenda suite ‘Atlantis’ Agony at June 5th 8498, 13 P.M. Gregorian Earthtime’, un caballito de batalla del grupo que para entonces había vendido 200 mil copias del disco, superando a Genesis y Queen.

Posteriormente, en 1978, el grupo editó un disco doble “Eloy Live”, que obtuvo también excelente aceptación, pese a los problemas técnicos que impidieron que fuera un disco íntegramente en directo. La placa contiene temas mayormente de sus discos “Ocean” y “Dawn”, así como el tema ‘Munity’ de “Power and Passion” e ‘Inside’ del álbum del mismo nombre. Un año más tarde arremetieron con otra joya: “Silent Cries and Mighty Echoes”, con dos temas sobresalientes en el inicio, ‘Astral Entrance/Master of Sensation’ y la suite ‘The Apocalypse’, dividida en tres partes, que resultó el plato fuerte del disco.

Cuando el grupo se encontraba en la cresta de la ola, otro período de inestabilidad sacudió a la banda en 1979 y con ello llega una nueva separación. Bornemann señala que la nueva disolución no se debió a diferencias musicales, como la primera vez, sino que a problemas de ego, concretamente de Detlev Schmidtchen y Jürgen Rosenthal, quienes decidieron reforzar sus carreras personales que ya habían dado frutos en año 1978 con el disco de Ego On The Rocks, proyecto donde participaron ambos músicos.

Colores de cambio

Bornemann y Klaus-Peter Matziol, los únicos miembros que sobrevivieron al nuevo colapso, decidieron volver a la carga reclutando tres nuevos miembros: Hannes Arkona (guitarra acústica y eléctrica), Hannes Folberth (teclados) y Jim McGillivray (batería), reconocido como uno de los mejores bateristas de la época. Juntos dieron vida a “Colours” en 1980, que mantuvo la directriz de los discos anteriores, pero con un concepto más modernista reflejado, por ejemplo, en la duración de los temas, los cuales fueron más bien cortos y precisos, salvo el caso de ‘Child Migration’, que fue el único que alcanzó los siete minutos y medio.

Tras la nueva faceta mostrada en “Colours”, la banda editó en 1981 lo que sería la primera parte de una saga conceptual futurista. Fue el turno de “Planets”, un disco que mantuvo la orientación de su predecesor. El álbum marcó también la salida de McGillivray. Un año más tarde, el grupo completaría la segunda parte de esta historia de ciencia ficción a través de “Time To Turn”, placa que marcó el retorno de Fritz Randow en la batería, tras siete años de alejamiento.

Musicalmente, Eloy mantuvo la receta de sus álbumes posteriores, incrementando el protagonismo de Bornemann. El año 1983 marcó la salida de “Performance”, un disco que no mostró el esplendor de Eloy como muchos esperaban, pero que sirvió para realizar una ambiciosa gira por Alemania e Inglaterra.

Cuando ya se creía que la banda había logrado establecer el line up definitivo un nuevo terremoto sacudió al grupo. Tras la grabación de “Metromania”, en 1984, Eloy sufre una nueva ruptura. Las razones que se esgrimieron para esta nueva fractura fueron que “ya no existía en espíritu común que había primado en los trabajos anteriores”, descartando de plano cualquier diferencia de tipo económico. No obstante, Eloy realiza exitosas presentaciones en Inglaterra, destacando aquella del Marquee en donde compartieron con Fish y otros miembros de Marillion y que fue grabado por la BBC.

El nuevo Eloy

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Luego de un año y medio de silencio, Bornemann se reunió con Michael Gerlach y juntos esbozaron la idea de reformar Eloy, esta vez como dúo. Es así como aprovechando los avances tecnológicos, ambos músicos dieron vida a “Ra”, el nuevo disco de la banda, el que incluyo también a otros músicos de sesión. El disco, comercialmente, alcanzó un punto elevado. Sin embargo, el impacto en los seguidores más puristas de Eloy no tuvo el efecto deseado.

Más tarde, en 1991, EMI editó “Rarities”, que en realidad corresponde a una colección de singles y rarezas que el grupo fue almacenando durante su carrera. En 1992 la banda editó “Destination”, en el cual participa también el bajista Klaus-Peter Matziol en algunos temas. Tanto “Ra” como “Destination” obtuvieron una excelente respuesta en los charts de Alemania y ya en 1993 se produjo un nuevo acercamiento entre los antiguos miembros de la banda.

Fue así como nació “Chronicles I”, ese mismo año, como parte de un trabajo de regrabaciones de sus mejores temas. Al año siguiente, EMI lanzó “The Best of Eloy Vol I” el cual incluyo temas de la etapa temprana correspondiente a los períodos 1972-1975. Ese mismo año, se editó “Chronicles II” (con temas de “Metromania”, “Ra” y “Destination”) y el nuevo álbum estudio de la banda “The Tides Return Forever”, placa que marcó también la vuelta de Eloy a los shows en vivo. La banda adoptó el formato de trío con Boremann, Gerlach y Matziol, a los que se sumó una serie de músicos invitados.

“The Best of Eloy Part II” apareció en 1996 por EMI, una compilación hecha por Bornemann y que incluyó cortes de los álbumes “Dawn”, “Ocean” y “Silent Cries…”. En 1998 irrumpió “Ocean II – The Answer”, un disco sumamente esperado por los fans y que incluyó al baterista Bodo Schopf. Eloy sorprendió a todos con un trabajo de gran factura que recuperó la impronta de su época dorada y con el cual la banda obtuvo favorable crítica.

Ya en 2003, EMI volvió a la carga con un nuevo compilado “Timeless Passages”, el cual reunió temas de diversas etapas del grupo en un registro doble y que incluyó algunos cortes inéditos, como la versión en vivo de 1994 de ‘Poseidon’s creation’ y el remix de ‘Illuminations’, ‘The bells of Notre Dame’, ‘All life is one’ y ‘Follow the light’, entre otras rarezas.

A propósito de este compilado, que apareció justo cuando la banda se aprestaba a lanzar varias remasterizaciones de sus álbumes, el propio Bornemann aclaró que, curiosamente, esta no fue una situación en la cual tuviera algún grado de influencia, “la verdad es que en la planificación no tuve ningún grado de inspiración. El disco estuvo completamente a cargo de la compañía, la que se hizo responsable del álbum”, precisó.

En verdad, “Timeless Passages” fue una idea del jefe de producción Berd Glimiorz de su antigua casa discográfica EMI, quien con otros proyectos compilatorios al estilo Pink Floyd obtuvo enormes resultados. Luego de aquello, las posibilidades de concretar la ansiada reunión de Eloy nuevamente eran muy poco probables. El propio líder la banda había señalado en entrevistas de la época que dicha opción era más bien remota, “los músicos están distribuidos por Europa y tienen sus propios proyectos individuales, y la verdad no se sienten muy interesados en ensayar”, expresaba Bornemann al ser insistentemente consultado sobre esta idea.

Pero en aquel tiempo, Bornemann seguía activo, esta vez en su faceta de “busca talentos” en Alemania para fomentar la formación de nuevas bandas. “Mi mayor logro en este sentido lo obtuve con el grupo Guano Apes, quienes lograron enorme éxito, no solamente en Alemania. También desarrollé un gran trabajo de multimedia para el tema “Jeanne d` Arc”, en el cual usé una orquesta y un gran coro clásico, pero también la clásica música rock que le quise introducir”, subrayó el guitarrista. Este punto en particular pudo haber influido en Bornemann para evaluar, tímidamente, la posibilidad de concretar el sueño de muchos fans, como era ver una nueva etapa de Eloy, esta vez inmersos en la escena musical del nuevo milenio.

Un regreso visionario

El 2009, los rumores se hicieron realidad. La escena progresiva mundial sucumbía ante la noticia que Eloy regresaba al ruedo con un nuevo álbum en estudio. Su nombre, en cierto modo, reflejaba el momento que vivía la banda. Fue así como se lanzó finalmente “Visionary”, placa que fue editada por Artist Station Records.

La formación en esta nueva etapa estaba compuesta por Frank Bornemann, Michael Gerlach (teclados), Hannes Folberth (teclados adicionales), Klaus-Peter Matziol (bajo) y Bodo Schopf (batería), pero además contó con la presencia de Anke Renner (voz), Tina Lux (voz), Volker Kuinke (flauta), Christoph Littmann (teclados y sonidos orquestales) y Stephan Emig (percusiones), todos ellos en calidad de músicos invitados.

El disco incluyó ocho composiciones y la crítica sin ser apoteósica, fue más bien complaciente con el trabajo, en el sentido que para muchos resultó ser un buen disco, que resumía las distintas etapas de la banda, particularmente cercano al tiempo de “Planets” o “Time to Turn”, con un mayor y pronunciado uso del recurso vocal, pero sin el carácter esencial de otros tiempos.

Ocho años pasaron desde aquel momento para que la banda volviera a remecer la escena el 2017. Esta vez con “The Vision, The Sword and The Pyre”, su décimo octavo álbum de estudio, una ambiciosa obra conceptual que capturó el interés de los fans y seguidores de la banda. La base de la formación fue esencialmente la misma de “Visonary”, es decir, Bornemann, Gerlach, Folberth y Matziol, solo que en esta ocasión se incorporó también el nuevo baterista, Kristof Hinz, además de 23 músicos invitados y el coro de niños de Marktkirche Hannover.

Tal como lo había presagiado Bornemann años ante de reflotar la banda en 2008, se trataba de una ópera rock, con bastantes elementos distintivos, incluyendo la cantante canadiense Alice Merton en el papel de Juana de Arco, quien interpreta la historia contada de manera fidedigna por Jean De Metz, noble francés que presenció la vida y los eventos de la Doncella de Orleans que lideró al ejército francés en la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. La inclusión del Coro de Niños de Hannover le brinda un matiz muy particular al álbum, sin embargo, la recurrente presencia de narraciones quita cierta fluidez al disco, en el que destaca nuevamente la carencia de los recordados desarrollos de pasajes instrumentales a los cuales nos tenía acostumbrado la banda.

Sin embargo, el disco en sí cumple, si nos circunscribimos a la esencia de la obra, al tratarse de un disco conceptual. Ahora, si se pretende ser justo y objetivo, más allá de los juicios y puntos de vista que pueden existir sobre este “nuevo Eloy”, no se puede desestimar el carácter seminal de la banda y la influencia que Bornemann y compañía han generado a través de los años. Eloy es un verdadero coloso progresivo, basta mirar al cielo en una noche estrellada y echar a andar la tornamesa con un disco clásico de esta portentosa agrupación germana que sigue viva pese a los vaivenes de la existencia.

Juan Barrenechea

Presentacion

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