El vínculo de una pareja dispareja

‭Freddie Mercury y Montserrat Caballé se unieron en "Barcelona"

Ver a Montserrat Caballé en vivo marcó a Freddie Mercury. El cantante de Queen quedó prendado de la voz de la soprano española en 1983, cuando fue al Royal Opera House, un histórico teatro londinense, para escuchar su interpretación de "Un ballo in maschera" de Giuseppe Verdi. A partir de ese momento, Mercury quiso trabajar con ella a toda costa. Empezó a mandarle recados a través de su representante y cuanto conocido en común tuvieran. Además, comenzó a elogiarla en público, aprovechando cada oportunidad para decirle a sus entrevistadores que «Montsy» era su artista de cabecera.

Se justificaba la admiración. Montserrat Caballé era señalada como la sucesora de Maria Callas, versionó con maestría a Mozart y Wagner, estuvo bajo la batuta del mismísimo Leonard Bernstein y fue partner de Pavarotti, Carreras y Domingo, solamente por nombrar algunos de los datos que la posicionan entre las grandes figuras líricas del siglo veinte. Aparte, fue una mujer con una historia de vida muy interesante: hija de la posguerra y de una familia muy humilde, escapó de la pobreza a través del esfuerzo de mantener trabajos para ayudar en casa y aprender música ensayando exhaustivamente.

El respeto se volvió mutuo en 1987, el año en el que finalmente se conocieron. Freddie Mercury instaló un sistema de audio en el Ritz de Barcelona e invitó a Caballé a escuchar las canciones que había compuesto para los dos. Las partes escritas para ella eran cantadas por el propio Mercury con un falsete lo más femenino posible dentro de su muy masculino estilo, un detalle que deleitó a la ibérica, quien valoró de inmediato la grandilocuencia del gesto (el viaje para buscarla hasta su país, el hotel dispuesto para ella, los enormes equipos de sonido), pero también la cercanía de un hombre que, pese a ser una estrella de rock, se acercó a ella con la candidez de un fanático cualquiera.

Su segundo encuentro fue a puertas cerradas y maratónico. Se juntaron en una casa y trasnocharon compartiendo ideas e improvisando en el piano. Cuando el reloj dio las seis de la mañana, quedaron convencidos de que tenían un disco entre manos. Fue, de cierta forma, un triunfo del entusiasmo sobre la reticencia. Desde antes de conocerla, Mercury sentía la urgencia de acercarse a Caballé, aunque ella al inicio no estuviese convencida. «Hago esto porque lo disfruto», diría el vocalista con el rostro complacido ante las cámaras. Entrevistada por la TV española, la perfeccionista Caballé aclararía que sus dudas con Mercury no eran humanas, sino artísticas y de naturaleza muy respetuosa: «Me preocupaba poder interpretar bien su música, hacerlo de una forma verdadera, sentida, y sobre todo, de una forma en que las dos voces pudieran mezclarse bien».

La química entre ambos quedó plasmada en "Barcelona" (1988), un triunfo del entendimiento hallado por una pareja dispareja, como los llamaba la prensa. Dos estilos no completamente opuestos -porque había dramatismo, opulencia y pulcritud técnica en común-, pero sí muy distintos en apariencia. Y ahí está el encanto del experimento: en su deseo de encontrar lo que une a la gente, por disímiles que parezcan sus formas de abordar la música. Mercury, de hecho, se hizo amigo de Caballé. Sostenían conversaciones acerca de temas que podrían haberlos alejado, como sus convicciones religiosas, pero encontraban acuerdos en asuntos fundamentales. Aunque ella era católica y él seguía el zoroastrismo, creían que, en el fondo, estaban hablando de un mismo dios, pese a llamarlo por nombres distintos.

Freddie Mercury - Montserrat Caballe 2.jpg

'Barcelona', el tema que da nombre al disco, narra su primer encuentro en la ciudad española: «Barcelona, fue la primera vez que nos vimos / Cómo poder olvidar / Me quitaste el aliento en el momento en que entraste al salón / La música vibró / Y ella nos unió (...) Nace un gran amor / Comienza la celebración». Por iniciativa de Carles, el hermano de Caballé, la canción fue utilizada para cumplir un encargo hecho a la soprano: musicalizar los Juegos Olímpicos de 1992 que se realizarían en España. 'Barcelona' se convirtió así en un himno deportivo. Antes de la final de la Champions League de 1999, entre el ‬Bayern Munich y el Manchester United, Freddie Mercury apareció en las pantallas del Camp Nou de Barcelona para acompañar desde el más allá a Caballé.

Para ella, ‭'Barcelona' resultó ser un hito, tan revolucionario para el mundo de la ópera como para su propia rutina. Caballé fue removida de su hábitat natural por un rockstar que la llevó de la mano a presentarse en lugares tan ajenos a ella como una discoteca en Ibiza llena de celebridades como Duran Duran, Roman Polanski, Spandau Ballet o Marillion. «La convertí en rockera», declararía un risueño Mercury en una de las entrevistas televisivias que dieron juntos. Reconociendo su influencia, Caballé versionó en 1997 la más operática de las canciones de Queen, 'Bohemian Rhapsody', en compañía de otro rockero de garganta portentosa, Bruce Dickinson de Iron Maiden.

Freddie Mercury, en tanto, vivió el proceso de colaborar con su ídola como un placer, pero también con simbolismo. Como la consideraba parte de su círculo cercano, Caballé fue una de las pocas personas que conocieron su diagnóstico médico. «Me lo dijo. ‬Entonces tuvimos la oportunidad de crear canciones en las que todas tienen significado… Me emocionó porque estábamos haciendo algo muy especial y eso no pasa a menudo; no siempre tienes la suerte de cantar con alguien que se va, que lo sabe, y estar interpretando con él su último adiós», contaría ella años después. Por petición de Mercury, ‭'Barcelona' fue una de las canciones que sonaron el 27 de noviembre de 1991 en su funeral. Más significativa, imposible.

Andrés Panes

Contenido Relacionado