Duro de domar

El carácter de Jimi Hendrix afloró en “Electric Ladyland”

No era fácil convivir con Jimi Hendrix durante la época de “Electric Ladyland”, el tercero y final de los discos de estudio publicados en vida por el guitarrista, una saga impresionante, marcada a fuego en la historia del rock. En “Are You Experienced” y “Axis: Bold as Love”, ambos de 1967, Hendrix aún respondía a su manager, Chas Chandler, el bajista original de los Animals, conocidos por tocar la versión definitiva de la tradicional ‘The House of the Rising Sun’. A la altura de “Electric Ladyland”, el panorama era distinto, lleno de fricción, no solamente con Chandler, sino también con The Jimi Hendrix Experience en su totalidad.

Cuenta el manejador que Hendrix nunca soltaba su guitarra. Que incluso la llevaba consigo para ir al baño o para ir a la cocina. Entre su apasionada relación con el instrumento, su creciente vida social y su consumo de drogas, costaba que se diera cuenta de lo que ocurría a su alrededor a nivel humano. El bajista de su banda, Noel Redding, formó otro grupo simplemente para hacerle el quite, así que una buena porción de “Electric Ladyland” tiene a Hendrix en las cuatro cuerdas, incluido su single de mayor éxito, ‘All Along the Watchtower’, un cover de Bob Dylan que convirtió al disco en el más vendido de su carrera pese a su naturaleza altamente experimental, con el ingeniero Eddie Kramer (The Beatles, David Bowie, The Rolling Stones) ejecutando en las perillas la visión del guitarrista.

Redding no soportaba el comportamiento de Hendrix durante las sesiones de grabación de “Electric Ladyland”, que consistía en llenar el estudio de amigos y convertir la instancia en un happening, costumbre muy propia de la época, practicada por gran parte de los artistas icónicos de aquel prodigioso decenio. Lo cierto es que el brillante músico estaba lleno de particularidades, extravagancias y mañas, pero cada una de ellas configuraba un método que le permitía, muy a su manera, sacar lo mejor de sí mismo. Había, además, una cuota enorme de perfeccionismo en su forma de trabajar, un rasgo cansador para  el resto, como el batero Mitch Mitchell, víctima de la mezcla de inseguridad, detallismo y precisión de Hendrix, quien le pidió grabar decenas de veces sus partes en ‘Gypsy Eyes’ hasta quedar conforme.

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El, para muchos, mejor guitarrista de todos los tiempos no era precisamente un tipo difícil, aunque sí podía llegar a ser meticuloso hasta la crispación. Quienes lo conocieron hablan siempre de la suavidad de su voz y de su modo dócil, y las grabaciones que contiene “Electric Ladyland: The Early Takes” -parte de la enésima reedición del álbum, aparecida este año- hablan de esa amabilidad. En ellas se escucha a Hendrix en la pieza de su hotel en Mahhattan, tocando muy despacio y cantando susurrado para no despertar a nadie con sus demos de canciones que luego serían puro desate sonoro. Dentro de esos registros está el instante preciso en que llaman al teléfono y se nota cómo pierde la paciencia al ser desconcentrado.

Pese a todo, las veces en las que se junta la formación original de The Jimi Hendrix Experience en “Electric Ladyland”, el resultado es igual de mágico que siempre. Ahí está como ejemplo la electrizante ‘Crosstown Traffic’, en la que Hendrix se la juega y por primera vez toca otro instrumento aparte de la guitarra. Dos, para ser preciso: un piano y un kazoo hecho con una peineta y una hoja de papel. La elección de ‘Crosstown Traffic’ como single promocional por parte de Reprise Records, sin tomar en cuenta la voluntad de Hendrix, quien se oponía a la decisión, fue uno de los numerosos roces entre el músico y su sello, mucho más contento cuando estaba Chandler al mando. Lidiando directamente con el artista, la compañía tuvo que adaptarse a su inescrutable criterio y a sus atrasos en la finalización del material.

Para Hendrix también fue complicado darse a entender justo cuando estaba en el momento de mayor inspiración en su vida, demasiado metido en lo suyo como para preocuparse de asuntos como fechas de entrega o el ego de sus colaboradores. Luego de terminar “Electric Ladyland” se enfrascó en la construcción de su propio estudio, Electric Lady, para poder al fin hacer y deshacer por todas las horas que quisiera en un entorno diseñado a su gusto y a la medida de sus necesidades. Solamente diez semanas pudo ocupar el lugar, pero su existencia da cuenta del espíritu del guitarrista durante sus últimos días, totalmente absorto en su labor creativa y pasando malos ratos con ejecutivos que no comprendían su sensibilidad, como los que decidieron pasar por alto sus instrucciones sobre la portada del disco, que incluían el uso de una fotografía tomada por Linda McCartney, para poner en su lugar a un grupo de mujeres desnudas con un afán polemista condenado por el propio Hendrix, el hombre que en menos de un año y medio firmó una trilogía que cambió las cosas para siempre.

Andrés Panes

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