Desafío al establishment

El brillante "Exile on Guyville" de Liz Phair

Liz Phair golpeó la cátedra con su primer disco, "Exile in Guyville", uno de los lanzamientos más vitales de 1993. Salida de la escena rockera e independiente de Chicago, la cantautora tuvo la valentía de irse contra las normas cuando decidió debutar con una respuesta canción por canción a "Exile on Main St.", acaso el mejor álbum de los Rolling Stones, tan endiosado que parecía intocable hasta que Phair llegó a cuestionarlo. Se trataba de una declaración de principios. De partir una carrera en la música encarando al grupo activo más canónico en la historia del rock. Pero el gesto también estaba justificado: para una cantautora feminista como Phair, "Exile on Main St." es, por contenido y connotación, un artefacto de la cultura patrialcal que merecía ser subvertido. El ejercicio resultaba similar a lo que hizo la genial Blossom Dearie, quien, a fines de los cincuenta, advertía el sesgo machista de la música popular y lo parodiaba en 'Blossom's Blues', escandalizando a muchos por jactarse de su eficiencia sexual tal como un bluesman, pero desde la perspectiva femenina.

Para Liz Phair, los Stones fueron una herramienta para desafiar al establishment del rock, con todos sus valores añejos y sus limitaciones para las mujeres, usualmente relegadas a un segundo plano, un error histórico que la actual abundancia de información permite ver y (tratar de) corregir. En el circuito en el que se formó, Phair veía que las mujeres que la rodeaban eran casi todas novias de sus colegas y amigos, un elenco rotativo sin poder de permanencia, ni mayor participación en cuestiones creativas. Nunca estuvo del todo cómoda en ese contexto y escribió al respecto 'Help Me Mary', ubicada en la segunda pista de "Exile in Guyville", la posición que en "Exile on Main St." ocupa  'Rip this Joint', un tema en el que Jagger habla sobre llegar a romperla en todas partes.

La respuesta también es musical. En contraste con la exuberancia y la alta fidelidad de los Stones, lo de Phair era más bien desnudo y lo-fi. Siempre confesional y generosa de palabras, la estadounidense bloqueó su propio pudor, develando detalles de su vida personal que el común de los mortales ni siquiera consideraría revelar. El nivel de vulnerabilidad que alcanza es parte de lo que la vuelve entrañable y, desde entonces y hasta el día de hoy, absolutamente modélica. Basta con escuchar a Courtney Barnett y Sharon Van Etten para advertir el profundo impacto que ha tenido "Exile on Guyville". Nos referimos a la clase de disco que tiene alcances en la vida real de su autora, quien tuvo que enfrentarse a las miradas recelosas de sus conocidos en Chicago. Muchos ni siquiera sabían que ella escribía canciones.

Aunque el álbum es excelente en su totalidad, está claro cuál es la pieza más importante: 'Fuck and Run'. Ahí es donde Phair mejor cristaliza todo lo que la hace brillante. "Puedo sentirlo en mis huesos, voy a pasar otro año sola", se dice a sí misma en una especie de spoken word guitarreado en el que se lamenta por volver a caer en la cama de un desconocido, para luego reconocer que en el fondo lo que quiere es un novio. Trascendental y mundana a la vez, su confesión no se hizo famosa en radios, pero se convirtió en un clásico de todas maneras. 'Fuck and Run' es universal porque, independiente de que Phair se refiera de forma puntual a su vida afectiva, la letra en el fondo habla sobre caer en comportamientos autodestructivos, un asunto con el que cualquier persona que haya vivido un poco podría identificarse. "No podía encontrar un lugar en el mundo en el que las cosas pasaran de la forma en que debiesen", diría Phair años después, entrevistada en el contexto del vigésimo quinto aniversario de "Exile on Guyville", celebrado por estos días. Por fortuna, pese a su origen, el disco ya forma parte del canon.

Andrés Panes

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