Canciones y acciones: mujeres contra la desigualdad (Vol. 2)

Historias de abuso, denuncia, lactancia y desinhibición

Con justa razón, hoy se habla regularmente sobre feminismo. No pasó de un día para otro: centurias de abuso avalan el deseo de equilibrar la balanza. En la música, siempre un reflejo del mundo, las señales de descontento datan desde desde hace décadas y siguen estando ahí para el que quiera ponerles atención. Es el momento de escucharlas.

Abuso. Heavenly era una respuesta a la hipermasculinidad de la escena musical británica de fines de los ochenta y comienzos de los noventa. La banda existía en un mundo paralelo al de Madchester y el britpop, al que consideraban demasiado macho. De hecho, su nombre, que significa "celestial", buscaba alejarse de ese imaginario. El sello de culto que los editó en su país natal, llamado Sarah Records por motivos similares, compartía su visión, así como K Records, su legendaria casa discográfica en Estados Unidos.

Las raíces del grupo se encuentran en Talulah Gosh, un proyecto de inclinaciones punk. Coincidentemente, el mejor trabajo para hincarle el diente a Heavenly se titula "P.U.N.K. Girl", un EP conceptual acerca de una violación. En el tema homónimo que abre, un hombre se deshace en elogios hacia la chica que lo obsesiona. Luego es descrito en detalle el momento del abuso ('Hearts and Crosses'), con una melodía sumamente alegre que funciona como un brillante toque de sarcasmo. En el remate ('So?'), habla ella: "Así que coqueteé mucho, así que me reí demasiado, así que te tenté (...) Pero nada de lo que hice o pude haber hecho podrá justificar lo que me hiciste anoche".

Por cierto, la líder de Heavenly, Amelia Fletcher, es un referente más allá de la música. Aparte de ser la cabeza de varios proyectos en los que vale la pena invertir tiempo, como Tender Trap y Marine Research, su carrera como economista ha sido muy destacada. Incluso fue distinguida como Oficial de la Orden del Imperio Británico.

Denuncia. Antes de convertirse en una de las solistas más influyentes del mundo, Björk pasó por todo tipo de experiencias musicales, desde una banda post punk hasta cantar jazz, sin olvidar a los Sugarcubes. "Después de ser la única chica en bandas durante diez años, aprendí de la manera más dura que, si quería volver realidad mis ideas, tenía que pretender que habían sido de ellos", dijo en una entrevista con Pitchfork cuyo eco aún se siente. De la misma conversación: "Quiero apoyar a las chicas jóvenes que están en sus veinte y decirles que no están imaginándose cosas. Es difícil. Todo lo que un hombre dice, tienes que decirlo cinco veces".

Ni siquiera consagrarse la salvó del sexismo. En los últimos años, ha sido un libro abierto al respecto. En otro momento de lucidez, le llamó la atención a la prensa por atribuir cada logro suyo al trabajo de sus productores, siendo que siempre le pertenecen tanto la semilla creativa como la decisión final en sus discos. Su observación es aplicable a la narrativa de muchas otras carreras femeninas.

Poco después de sacar el conmovedor "Vulnicura", Björk notó que la aceptación del disco, basado en una ruptura amorosa, fue mucho mayor a la obtenida por "Biophilia", de perfil pedagógico y científico. Advirtiendo un patrón tóxico, escribió lo siguiente en su muro de Facebook: "Si no nos cortamos el pecho y sangramos sobre los hombres y los niños en nuestras vidas, es como si estuviésemos engañando a la audiencia (...) Nos critican si las letras hablan de átomos, de galaxias, de activismo, de matemática nerd y de cualquier cosa que no sea sobre amor. Los periodistas piensan que falta algo. Es como si nuestro idioma fuese lo emocional".

Lactancia. Mujer de muchas causas, la canadiense Buffy Sainte-Marie ha dedicado su carrera tanto a la música como a las cosas en las que cree. Por sus venas corre la sangre de la nación amerindia muscogui, así que la divulgación y la educación en torno al modo de vida de los nativos americanos ha sido siempre una de sus grandes preocupaciones. Además, durante la Guerra de Vietnam, se opuso al conflicto armado, lo que le valió estar en la lista negra de las administraciones de Johnson y Nixon, es decir, sus canciones no obtenían difusión.

Sin embargo, su talento como cantautora fue ampliamente reconocido en el mundo artístico. Janis Joplin y Donovan interpretaron temas suyos, mientras la crítica siempre fue generosa con sus discos, especialmente cuando se atrevió con la experimentación electrónica a finales de los sesenta. Comercialmente, le dio el palo al gato escribiendo una canción que se ganó el Oscar a mejor tema de película: 'Up Were We Belong', un hit de la banda sonora de "Reto al destino" en la voz de Joe Cocker y Jennifer Warnes.

A mediados de los setenta, Sainte-Marie fue contratada por el equipo de Plaza Sésamo para salir en pantalla como actriz y también para proponer contenidos. Muchas de sus apariciones en pantalla eran ideas suyas que promovían valores humanistas. Siguiendo esa línea hizo algo pionero: amamantó frente a las cámaras a su pequeño hijo, Cody, mientras respondía las preguntas de un curioso Big Bird (el famoso pájaro amarillo del programa) acerca de la lactancia, explicándole a millones de pequeños en sus casas que se trata de algo natural que acerca a las mujeres y sus retoños. Como para mostrársela a los pelotudos que se ofenden cuando una mamá da leche en público.

Desinhibición. Betty Davis es conocida por haber sido esposa de Miles Davis, pero en un mundo más justo para las mujeres sería una superestrella por derecho propio. Su personalidad siempre fue enorme, llenaba cualquier lugar con su mera presencia, acaparaba todas las miradas a su alrededor. "Era atractiva incluso en lo filosófico", diría sobre ella Carlos Santana.

Si no fuese por ella, el cuarentón Miles tal vez se hubiese quedado pegado escuchando jazz progresivo y música clásica. La pareja tenía casi veinte años de diferencia, y los gustos de Betty (Jimi Hendrix, Sly and the Family Stone, James Brown) fueron reveladores para su marido. Influenciado por lo que escuchaban juntos, Miles terminó electrificando su propuesta en "Bitches Brew", el disco que reavivó su carrera en 1970, ampliamente considerado uno de los mejores álbumes de todos los tiempos.

Tras el fin de su matrimonio, que duró poco más de un año, Betty Davis siguió cambiando el mundo. En la primera mitad de los setenta, grabó tres discos sin mayor resonancia comercial, pero sampleados hasta la saciedad por raperos que vieron en ellos una fuente inagotable de sazón funkera. Mos Def, Ice Cube y Methodman, entre muchos otros, han escupido rimas sobre la base de sus canciones.

Los medios de la época, asustados por la liberación sexual femenina que promovían sus letras, la consideraban muy subida de tono. Aun así, caló hondo. Poco después de su aparición, otras mujeres sacaron la voz para enseñarle al mundo que la libido no es patrimonio de los hombres. Algunas, como Millie Jackson, incluso lograron el éxito que eludió a su predecesora a causa de la pacatería ajena. En ídolos pop como Madonna o Lenny Kravitz, otro de los que la samplearon, hay un poco de Betty Davis. Y para qué decir en las raperas que han hecho alarde de su sexualidad, desde Lil Kim hasta Nicki Minaj.

Andrés Panes

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