A 15 años de OASIS en KNEBWORTH

En agosto del 2009 llegó el fin de Oasis, pero también fue el mes en que tocaron el cielo. En 1996, el quinteto comandado por los hermanos Gallagher hicieron los multitudinarios shows en Knebworth. Un momento cumbre del rock de la década de los ’90 que ya cumple tres lustros.

"¡“Esto es historia!, ¡esto es historia!, aquí y ahora, ¡esto es historia!”". Esas fueron las primeras palabras que un eufórico Noel Gallagher expresó sobre el escenario de Knebworth, frente a miles de espectadores, en las noches del 10 y 11 de agosto de 1996. Ambos shows son el testimonio concreto e incuestionable del pináculo absoluto que había alcanzado Oasis en su carrera. Un momento irrepetible e histórico dentro del rock de los años ’90.

Sabido es que el mito en torno a Oasis se ha contruído, entre otros, de la mano de las socarronas y altivas palabras de los hermanos Liam y Noel Gallagher. Sin embargo, con la perspectiva que nos dan los quince años de ocurridos aquellos multitudinarios shows, hay que decir que en ese momento, aquellas palabras contaban con un asidero a toda prueba, fruto de una carrera que aún era joven y que ya había ofrecido la friolera de dos placas enormes. Ambas, fáciles de tildar como clásicas y de encontrar en cualquier recuento.

Primero, con “"Definitely Maybe"” (Creation, 1994), una dosis urgente de rock and roll que despertó a la isla británica y les devolvió algo del orgullo musical, tras años de perder el gallito frente al grunge estadounidense que, justo en ese año, pasaba a retiro de la masividad con el deceso de Kurt Cobain. El "hype" que se armó en torno a los muchachos de Manchester aplastó todo escepticismo cuando salió a la venta, en octubre de 1995, "(What’s The Story) Morning Glory?", su segundo elepé y el espaldarazo que necesitaban para salir más allá de Gran Bretaña, donde ya habían encabezado el prestigioso festival de Glastonbury.

Hacia mediados de 1996, Oasis ya se había despachado dos noches a tablero vuelto en el viejo estadio Maine Road, lugar donde hace de local el club Manchester City –del cual la mayoría de la banda era hincha-, y que fueron documentados en el film "“There And Then"”. Era obvio que necesitaban algo más, mostrar su precedencia, alimentada por un éxito desmesurado que ya devoraba al mundo y un ego sin límites, sobre las demás bandas. Una actividad que dejara claramente estipulado que, en ese momento, eran ellos los mejores y no había nadie más capaz de arrebatarles su lugar en el podio. Y qué mejor demostración de poder que un concierto. El más grande de todos.
 
Un lugar mítico

Quizás el motivo por el cual Noel Gallagher se inclinó por él fue que Knebworth Park ha sido un lugar por el que han pasado algunos de los momentos en vivo más destacados por algunos músicos ingleses. Ahí fue, sin ir más lejos, el último concierto que realizó Queen con Freddie Mercury. Otros clásicos, como The Allman Brothers Band, llevaron la no despreciable cantidad de 60 mil personas, en 1974. También encontramos las legendarias perfomances de Led Zeppelin, quienes acarrearon a 200.000 seguidores en sus dos conciertos de agosto de 1979. También estaba la inspiración de uno de sus favoritos, The Stone Roses y su mítico show a campo abierto en Spike Island. Gallagher lo ha dicho en más de una ocasión que, sin los Roses, Oasis nunca habría existido.

Una vez confirmados, los shows salieron a la venta. Para que nos hagamos una idea del magnetismo que Oasis arrastraba, hay que consignar que se vendieron en total 250.000 tickets, y el tráfico de pedido –vía teléfono- hizo que 2.6 millones de personas llamaran para adquirirlas. 1 de cada 20 personas en todo el Reino Unido quizo tener el boleto. Fue en su momento el show que más gente llevó en Inglaterra, más que cualquier festival, hasta que en 2003 el cantante Robbie Williams hizo 3 noches seguidas, congregando a 375.000. Empero, se necesitan algo más que números para el recuento para revestir un evento como histórico, algo que Oasis si logró.

Para la cantidad de público que iría, se montó un enorme escenario, con la pantalla más grande –hasta ese momento- al fondo de todo. La idea inicial de Noel gallagher era que no sólo fuera un show de Oasis, sino que todo un festival, con artistas invitados, una fiesta durtante todo el día, para que todos disfrutaron. El olfato para elegir a los “teloneros” fue único, pues en su mayoría se trataban de artistas que pasaban por un buen momento o que su explosión era inminente. Para el 10 de agosto, The Bootleg Beatles abrieron cada jornada, para luego dar paso a The Chemical Brothers, quienes llevaban sólo un disco de estudio y que estaban en plena grabación del increíble "“Dig Your Own Hole"” (Virgin), que vería la luz al año siguiente.

Ya pasadas las cuatro de la tarde, irrumpían sobre el proscenio Ocean Colour Scene, una banda quizás olvidada hoy en día, pero en ese momento gozaban de una increíble popularidad, alimentada por su segundo elepé “"Moseley Shoals"” (MCA, 1996). Manic Street Preachers, cuya obra del mismo año, “"Everything Must Go”" (Columbia) fue la primera sin Richey James, tenían un enorme éxito con el sencillo '‘A Design For Life’'. Y para antes del show de Oasis, se presentaron The Prodigy. Su líder, Liam Howlett, recordó el evento con las siguientes palabras, en un especial de la revista NME, en 2006: "“Fue una maldita gran rave. Knebworth fue tan maravilloso, mucha gente estaba arrodillada en cualquier lugar y eso. Fue un evento que nunca se repetirá, fue un momento único"”

Para el día siguiente, el line up era totalmente distinto. Unos debutantes Kula Shaker abrían los fuegos, seguidos por Dreadzone y los oriundos de Liverpool, Cast. The Charlatans también estuvieron en Knebworth, y era una ocasión bastante especial, pues su tecladista e impulsor de su sonido, Rob Collins, había fallecido sólo algunas semanas antes. “"Si hubiéramos tocado mal, hubiera sido el fin de la banda, pero no lo hicimos. Fue un momento crucial para la historia de The Charlatans"”, rememoró el vocalista Tim Burguess a la misma publición.

“Éramos más grandes, me atrevo a decir, que Dios

Los conciertos propiamente tales de Oasis en Knebworth no sufrieron modificaciones en el set. Tocaron las mismas 20 canciones las dos noches. Enfocado en su mayoría a su más reciente placa, se dieron el tiempo de mostrar dos canciones que vendrían en lo que sería “"Be Here Now"”, como son ‘'My Big Mouth'’ e '‘It'’s Gettin’ Better (Man!!)'’. Momentos para capturar para la memoria están las memorables y conmovedoras interpretaciones de 'I Am The Walrus’', ‘'Live Forever'’, '‘Roll With It'’, ‘'Wonderwall'’ y ‘'The Masterplan'’, un público atronador en ‘'Cigarettes & Alcohol’', y las menciones a The Beatles y Mott The Hoople, cuando metieron ‘'Octopus'’s Garden'’ y '‘All The Young Dudes'’ al final de ‘Whatever’. La noche también dio lugar a invitados: en la segunda noche, fue convidado al escenario nada menos que John Squire, guitarrista de los idolatrados The Stone Roses, para aportar un solo descomunal en ‘'Champagne Supernova’'.

Un público exultante, entre los cuales se encontraban ilustres como Johnny Marr –-ex guitarrista de The Smiths- y Jarvis Cocker, que llegaban a presenciar a una banda en el cénit de sus capacidades interpretativas y creativas. Por supuesto, hubo quejas por el natural problema de sonido que hacía que lo que salía por los parlantes se perdiera y llegara en algo difícil de entender para la gente que estaba hasta un kilómetro de distancia del escenario. Un marco grandilocuente para un show de esas dimensiones.

El instante perfecto. Liam Gallagher con su voz en excelente forma y un Noel Gallagher totalmente consciente de lo que se vivía. Una banda solidísima en vivo. Sus palabras hoy nos pueden sonar a arrogancia barata, pero el contexto en el que las decía sólo le daba la razón: "No se puede tocar en un lugar más grande. Después de esto, ¿qué vamos a hacer?, ¿dónde vamos a ir?”". Frases que revelaban la cumbre de una carrera, pero también la inercia y la incertidumbre de lo que vendría más adelante, pues Oasis nunca fue más exitoso que en ese momento. Tratar de repetir la fórmula era una quimera, y eso bien lo sabía el guitarrista Paul “"Bonehead”" Arthurs, quien hasta el día de hoy cree que después de los conciertos de Knebworth, Oasis debió haberse separado. Noel, por su parte, admitió tiempo después que debieron tomarse unas largas vacaciones después de aquellos shows.

Oasis ya no existe, dos años han pasado desde su ruptura, y sus miembros están en proyectos paralelos. Tan odiados como amados, los Gallagher tenían para 1996 canciones de sobra para sostener cada disparate que decían: "Durante las seis semanas que estuvimos organizando esos conciertos fuimos la banda más grande del mundo. Éramos más grandes, me atrevería a decir, que el maldito Dios.”

Las palabras que Noel Gallagher dijo, al referirse a aquellas dos noches de agosto de 1996 son, más allá de un descaro verborreico, una prueba factible de la popularidad del quinteto, y que verdaderamente eran la banda más grande del mundo. Un espectáculo de estas características lo atestigüaba sin tapujos.

Ya han pasado quince años, y ese evento sigue revistiéndose de ínfulas de leyenda. En el año 2004, la Q Magazine dejó a Oasis en el tercer lugar de un ranking con los mejores shows de todos los tiempos, superados por las performances de Nirvana en el festival de Reading 1992 y Radiohead en Glastonbury 1997. Más allá del recuento –que son frecuentes en la prensa musical inglesa- nos habla de la marca indeleble que Knebworth ha dejado en la cultura y de lo que fue el llamado Brit Pop en los ‘90. De la mano de Knebworth, y a dos años de su separación, Oasis podría reclamar sin ningún problema su estatus de banda clásica.

Jean Parraguez